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CARTA A LOS JÓVENES
Y A LOS GRUPOS JUVENILES DE LA DIÓCESIS DE ZIPAQUIRA


Queridos Amigos:
1. Desde Roma, el pasado 25 de marzo, nuestro Papa Juan Pablo II nos han lanzado un importante desafío: "Los jóvenes católicos del mundo, en este final del Siglo XX, tienen que despertar y haciéndose discípulos de Jesucristo tienen que construir una nueva cultura en el mundo: La Cultura de la Vida y edificar la paz en la justicia".


2. Discípulos de Jesucristo ¿Qué significa para nosotros?
Jesús es el Maestro que tiene discípulos y los forma. Ellos son elegidos y llamados cada uno por su nombre. Ser discípulos de Jesús es querer ser enseñado por él, aprender de es y seguirlo a él. "Aprendan de mí", les dice. "Síganme", los invita. Y no les hace halagos ni promesas ni ilusiones. Más bien, es exigente: "Si quieres ser mi discípulo, vende todo lo que tienes y entrégalo a los pobres..." El que quiera ser mi discípulo que tome su cruz y me siga". "Si no me prefieres a tu padre y a tu madre y a tu mujer... no puedes ser mi discípulo".
Y además una pregunta que no es precisamente halagadora. "No es el discípulo mayor que su Maestro. Si al Maestro lo persiguen, ¿que no harán con el discípulo?".
Ser discípulo es aceptar a Jesús como el Maestro verdadero, que nos enseña y nos muestra el Camino para ir al Padre. Es el que nos habla y nos muestra a Dios. Es el que nos muestra la forma perfecta de ser hombre y mujer en este mundo. Nadie nos ha hablado del amor y de la verdad con la fuerza y el testimonio con que Jesús lo ha hecho. La experiencia nos grita que él tiene razón. No hay otro Maestro que Jesús.


3. Construir la Cultura de la Vida
¿Qué significa para nosotros? Significa en primer lugar mirar a nuestro alrededor para descubrir cómo esta Cultura de la Vida o Civilización del Amor se construye ya silenciosamente entre nosotros.
Muchos jóvenes dan su vida por los hermanos. Muchos obreros se unen para exigir justicia. Muchos buscan servir a través de la ciencia o impulsan el progreso de la humanidad. Muchos hombres y mujeres son solidarios con los que sufren.
Muchos aman. Muchos. Miles y millones en el mundo.

4. Pero al mismo tiempo, al mirar nuestra Sociedad, al mirar a Colombia, nuestra convivencia, nuestros valores y nuestros estilos de vida, reconocemos muchas cosas que se oponen a Dios y a su proyecto sobre el mundo y sobre nosotros.
Vemos una Colombia incendiada por la violencia, por la muerte, los homicidios, los abortos, los robos, los atracos.
Vemos una Colombia traspasada profundamente por injusticias enormes y donde el dolor es tan común par tantos jóvenes y para tanta gente.
Vemos tantos jóvenes que miran el presente con mucha frustración y el futuro con tan poca esperanza. Muchos de ellos se sienten sobrando en su propio país.

5. Vemos que no se respeta la dignidad ni del hombre ni de la mujer, ni su intimidad, ni sus derechos, ni su dolor. Ni su vida! No se respeta la vida que nace en el vientre de la madre. Ni la vida del enfermo terminal, ni la del anciano. Se miente, se tortura, se atropella y se engaña tanto.
Vemos a los jóvenes de nuestros campos sin apego a su tierra, postergados y marginados de la vida, de la sociedad y del progreso.
Vemos que a los jóvenes de nuestros pueblos el alcohol, la droga o la prostitución los conduce a callejones sin salida en la evasión y el juego.
Vemos una sociedad que no ofrece lugares de esparcimiento sano para los hijos de los pobres, sino que tantas veces están condenados al aburrimiento destructor.
Vemos a unos pocos que cada vez tienen más bienes mientras la mayoría tiene cada día menos y tan pocas posibilidades de salir adelante.

6. Todas estas cosas que vemos y observamos cada día, nos duelen profundamente. No podemos imaginar que esto sea la voluntad de Dios.
Porque amamos a Dios sobre todas las cosas, y porque buscamos amar al hermano como a nosotros mismos, es que no queremos esta civilización en que vivimos, esta cultura de muerte que nos asfíxia.
Los decimos claramente: aceptamos el desafío hecho por el Papa Juan Pablo II de cambiar esta cultura de muerte, esta civilización inhumana y anticristiana.

Para la Civilización del Amor, para la Cultura de la Vida, damos nuestra vida.

7. Qué queremos?
Queremos convivir en el mismo país todos los que hemos nacido en la misma tierra. Queremos que cada hombre y cada mujer sean valorados por el solo hecho de haber sido llamados a la existencia. Todo hombre y toda mujer es nuestro hermano y nuestra hermana, cualquiera sea la raza, la religión, el color o sus ideas. Toda vida es sagrada. Desde el vientre materno hasta que Dios lo llame a su Reino.
Queremos escucharnos, respetarnos, comprendernos, dialogar y buscar juntos la verdad, sin dogmatismo ni exclusiones. Queremos que nunca se persiga a un hombre o a una mujer por lo que piensa, por lo que cree o por lo que ama.

8. Queremos que haya justicia en la distribución de las riquezas en Colombia. Es un sutil terrorismo poseer más allá de lo necesario mientras a tantos les falta lo indispensable.
Queremos que cada niño que nazca en Colombia pueda tener asegurada su alimentación y el cariño que requiera para crecer.
Queremos que cada uno de nosotros pueda verdaderamente tener acceso a la educación, de modo que crezca en todos sus talentos y desarrolle todas sus capacidades.

9. Queremos que las casas de nuestras familias no sean tan pequeñas, porque eso nos impulsa a la calle y no permite nuestro diálogo ni la intimidad de nuestros padres. Queremos una casa que nos permita tener un hogar.
Queremos que para los enfermos el país cuente con hospitales aptos para atenderlos oportunamente. Queremos que el enfermo siempre tenga prioridad sobre los demás. No queremos que la salud sea un producto en el mercado. Queremos que el delito sea sancionado por organismo justos y competentes, que se busque en forma digna la rehabilitación de quien ha delinquido.

10. Queremos participar activamente en la sociedad. No tenemos una palabra y una opinión que dar hoy día. No queremos recibir todo decidido, todo hecho, todo decretado desde arriba. Queremos libertad para expresar lo que sentimos. Queremos una civilización distinta: La Cultura de la Vida.

11. Decimos no al individualismo. No al atropello. No a la violencia de cualquier parte. No a la guerrilla. No a los paramilitares. No al aborto. No a la injusticia que hace ricos y hace pobres. No a los sueldos que causan hambre y miseria. No al odio. No a la fuerza bruta. No al derroche y a la corrupción. No a la mentira, por elegante que sea.

12. La Cultura de la Vida nos compromete a reconocer en cada hombre y en cada mujer un hermano. A servir particularmente e los más pobres. Nos compromete a vencer en nosotros mismos la violencia para exigir que ella no se use para solucionar conflictos o silenciar a un adversario.
Nos comprometemos a ser verdaderos, auténticos y leales. Nos comprometemos a seguir a Jesucristo como nuestro único Maestro. Nos comprometemos a reavivar nuestra fe en Jesús como único Mesías, a crecer en un amor capaz de entregar la vida, y a no desfallecer en nuestra esperanza. Sabemos que a pesar de todos los tropiezos y dificultades, el Reino de Dios está creciendo y un día será pleno. Esta certeza nos alimenta.

13. La Cultura de la Vida triunfará. La Civilización del Amor no está lejana.
Desde hace dos mil años muchas de sus semillas han caído en una ancha siembra. Algunas se han perdido entre las piedras, otras han caído en las espinas. Pero se gesta, crece y se expande dando sus frutos.
Necesitamos un nuevo impulso de nuestras comunidades. Que nadie quede tranquilo. Que nadie se disculpe de su tarea. Que todos los que creemos y esperamos estemos alerta. La Cultura de la Vida ya ha comenzado contigo, querido joven. Ama. Respeta.Sirve. Perdona. Acércate a los demás. Ayuda y apoya a los que te rodean. Revisa tus afectos y tus amistades para profundizarlas y unlversalizarlas. Hoy la Civilización del Amor y la Cultura de la Vida te reclaman. Haz que se incorpore a ella tu familia, tus amigos, tu población y tu ciudad.
Una nueva generación de jóvenes se pone de pie en nuestra ciudad. Y aceptando el desafío de Juan Pablo II, conscientes de lo que queremos, aceptamos esta hermosa y noble misión.
Queremos construir la Civilización del Amor en Colombia. Queremos construir la Cultura de la Vida en nuestra patria.
Que el Espíritu Santo que va a ser derramado en el corazón de cada joven esta noche, lo llene de fuerza, de poder y de entusiasmo, que le regale audacia para este importante compromiso. El compromiso más importante de tu vida. Que la paz del Señor, su bondad y su amor fiel, estén siempre con todos ustedes.

Un abrazo de su obispo que mucho los ama.
Jorge Enrique Jiménez Carvajal obispo de Zipaquirá
Zipaquirá, Pentecostés Juvenil de 1.995